jueves, 12 de abril de 2012

Maravilla de la guerra

El poeta Apollinaire, soldado del 38º regimiento de artillería de campaña en Nîmes hasta 1915, fecha en la que fue herido por un obús y hubo de sufrir una trepanación.

Los versos llenos de tenura y humor de sus inicios dejan paso al sarcasmo, la amargura y la desesperanza pero al mismo tiempo la sensibilidad del poeta es capaz de transmutarse y encontrar belleza entre el horro cuando escribe...
Maravilla de la guerra

Qué bellos son esos cohetes que iluminan la noche
Montan sobre su cabeza y se inclinan a ver
Son damas que danzan llevando sus miradas
A modo de ojos brazos y corazones

He reconocido tu sonrisa y tu vivacidad

Es también la apoteosis cotidiana de mis Berenices
cuyas cabelleras se han transformado todas en cometas
Esas doradas danzarionas pertenecen a todos los
tiempos y las razas
Paren bruscamnete niños que tiene el tiempo
justo de morir.

Qué bellos son todos esos cohetes
Pero sería mucho más bello si aún hubiera más
Si hubiera millones que adquirieran un sentido
completo y realtivo como las letras de un libro
Tan bello como si la vida misma surgiera de los
moribundos

Pero sería todavía más bello si aún hubiera más
Mientras los contemplo como a una belleza que
se ofrece y en seguida se escpa
Me parece asistir a un gran festín iluminado a giorno
Es un banquete que se ofrece la tierra
Tiene hambre y sus grandes bocas pálidas abre
La tierra tiene hambre y he aquí un festín de
Baltasar caníbal
Quién hubiera dicho que pudiérammos ser tan antropófagos
Y que era necesario tanto fuego para cocer el
cuerpo humano
He ahí por qué el aire tiene un gustito empireumático
que a fe mía no es desagradable
Pero el festín aún sería más bello si el cielo
comiera con la tierra
No traga más que almas
Que es una manera de no alimentarse
Y se contenta jugueteando con fuegos versicolores

Pero en la dulzura de esta guerra he corrido
con mi compañía por extensos túneles
Algunos gritos de llamas anuncian sin cesar mi
presencia
He surcado el lecho donde me deslizo desdoblándome
en mil pequeños ríos que van a todas partes
o más bien comienzo estar en todas partes
Soy yo quien empieza esta cosa de los siglos
venideros
Llevará más comprenderla que a la fábula de Ícaro
volante

Lego al porvenir la historia de Guillaume Apollinaire
Que fue a la guerra y supo estar en todas partes
En las felices ciudades de la retaguardia
En todo el resto del universo
En los que mueren pataleando entre las alambradas
En las mujeres en los cañones en los caballos
En el cénit en el nadir en los cuatro puntos cardinales
Y en el ardor impar de esta vigilia de armas
Y sin duda sería mucho más bello
Si pudiera suponer que todas esas cosas en las
cuales estoy en todas partes
Pueden ocuparme también
Pero en ese sentido no hay nada que hacer
Porque si en esta hora estoy en todas partes en mí
no hay más que yo



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